Feliz Navidad y feliz 2017

Las navidades pasadas mi hijo pequeño –  que entonces tenía dos años –  se emocionaba escuchando el villancico “Campanas de Belén”. Me pedía que se lo pusiese en el ordenador una y otra vez mientras las lágrimas descendían lentamente por sus mejillas. La primera vez que le vi llorar con el villancico le pregunté que por qué lloraba y él se encogió de hombros, no sabía explicarme. Le pregunté entonces si no le gustaba y me dijo que sí, que mucho… Desde luego, no cabía la menor duda, lloraba de emoción, por lo que le transmitía la música, la letra y la presentación con motivos navideños que estaba contemplando.

Bueno, pues yo quiero ser como mi hijo que, pese a que estoy segura que no comprendía en toda su extensión el significado de la Navidad, sin embargo, simplemente con la idea que él había logrado formarse en su cabeza de lo que es la Navidad, era capaz de emocionarse de esa manera…

Lo que me gusta es esa espontaneidad en las emociones y en los sentimientos. Parece que según crecemos, en muchas ocasiones, nos vamos autolimitando y no nos permitimos sentir de una manera tan directa y sincera. Debería ser al revés, puesto que sí está a nuestro alcance el comprender en toda su extensión el verdadero y originario sentido de la Navidad, que Dios se hace niño para reconciliar al hombre con su Creador, y que cada vez que celebramos la Navidad es una nueva oportunidad para que el Niño-Dios nazca en nuestro corazón

¡Os deseo una feliz Navidad y mis mejores deseos para el año nuevo que acabamos de comenzar!

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4 comentarios en “Feliz Navidad y feliz 2017

  1. Feliz Navidad, hermosa!! A mí una de las cosas que me encantaba de mi abuelo es que, a pesar de ser un tiarrón fuertote y dicharachero que construyó casas con sus propias manos y que hizo todo lo que se propuso, se emocionaba viendo una peli!! Me parece que eso reflejaba su capacidad de vivir a tope cada momento 🙂
    Un post muy bonito.

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    • Muchas gracias, Nuria. ¡Feliz Navidad! Lo que cuentas de tu abuelo corrobora que la fortaleza no está reñida con la sensibilidad y, como tú bien dices, con la capacidad de vivir intensamente cada momento. A mi padre también le pasaba como a tu abuelo, que era capaz de emocionarse viendo una película. Más de una vez le he visto en esa situación con los ojos llorosos disfrutando con el séptimo arte.

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