A mi padre

Recuerdos y más recuerdos vienen a mi memoria, como cuando todavía no sabía ni leer ni escribir y jugábamos a hacer frases bonitas, cuando me enseñabas poesías, cuando ya de más mayor, las recitábamos a dúo, cuando declamábamos pequeños fragmentos de conocidas obras de teatro…

Recuerdo paseos por la Gran Vía, Alcalá, el Paseo del Prado y de Recoletos, simplemente disfrutando del propio paseo y a veces jugando a palabras encadenadas; salir a tomar el aperitivo los fines de semana, tardes en casa jugando al parchís, dominó y cartas junto a mamá, escuchar a Edith Piaf, fados a Amalia Rodrigues, tangos y milongas  a Gardel y Agustín Irusta, copla a Concha Piquer

Recuerdo cómo disfrutábamos al escuchar a mamá tocar al piano todo tipo de música, principalmente clásica, cómo le pedías que tocase la Marcha Turca de Mozart, el Claro de luna de Beethoven, la transcripción para piano de la Tocata y Fuga de Bach, la Danza Española  nº 5 de Granados, la Danza Macabra o “de los esqueletos” de Saint Saens, el Estudio Revolucionario de Chopin, o cualquiera de sus Nocturnos, entre otras muchas obras de los grandes compositores. También disfrutabas mucho cuando yo cantaba y mamá me acompañaba al piano o cuando, sin llegar nunca a la altura de la maestra, tocaba yo y contemplabas mis progresos…

Recuerdo que le pusiste letra a la Danza nº 5 de Granados y la convertiste en una nana para mí…

Recuerdo la ilusión que me hizo, siendo muy pequeña, acompañarte en alguna ocasión al trabajo, cómo, pasados los años,  y siendo época de exámenes me gustaba dictarte las notas para que las pasases a tu cuaderno.

Recuerdo cuando me llevaste al Museo del Prado, al Museo de Ciencias Naturales, al Museo Arqueológico Nacional, al Museo del Ejército

Recuerdo escucharte contar divertidas anécdotas, también historias familiares, en muchos casos de parientes muy directos que, sin embargo, no llegué a conocer porque habían fallecido durante tu juventud, pero que me los hacías cercanos y les tenía cariño pese a no haberles conocido. Recuerdo cómo me decías que me parecía mucho a mi abuela, a la que no conocí, y mirar el retrato que tenías de ella intentando ver yo también aquel parecido.

Recuerdo los baños en el mar en vacaciones y que en los días con algas te ponía una sobre tu cabeza, cual peluca. Se trataba casi de una tradición. Lo hice hasta bastante mayor. Recuerdo también caminar por el paseo marítimo, mirando el mar, sintiendo la brisa en nuestros rostros, y rememorar, en muchas ocasiones, el verso de Manuel Machado en su poema Ocaso: “el mar, el mar y no pensar en nada”. Cómo te identificabas con aquel verso… y qué acertado me parecía a mí… El mar, o la mar, como te gustaba decir, siempre me ha resultado inspirador. Ver cómo rompen las olas, escuchar su “arrullo” me proporciona, además, una inmensa paz. Y por la noche, contemplar el reflejo del haz del faro sobre sus aguas o el de la propia luna… pocos paisajes me resultan tan bellos… Cuando hay luna llena y me encuentro frente al mar, siempre me viene a la memoria el verso de la Canción del Pirata de Espronceda, que tanto nos gustaba recitar: “la luna en el mar riela”…

Recuerdo cómo disfrutábamos con el buen cine, con la interpretación de los grandes actores: Greta Garbo, Katharine Hepburn, Spencer Tracy, Cary Grant, Gary Cooper, Gregory Peck, James Stewart, Maureen O’Hara, Audrey Hepburn, Julia e Irene Gutiérrez Caba, Julia Caba Alba, José y María Isbert, Amparo Rivelles, Fernando Fernán Gómez  y tantos otros también excelentes… Cómo disfrutábamos de un buen diálogo y de una buena dirección. También con el teatro televisado, viendo obras de Mihura o de nuestro Jardiel… Me acuerdo, incluso, de un ciclo de cine mudo que ponían en la tele los sábados por la mañana: Charlot, Buster Keaton

Cómo gozábamos con la buena literatura de todos los tiempos, tanto nacional como extranjera, de una buena historia, ya se tratase de comedia o de tragedia, de las descripciones de personajes, ambientes y paisajes, del reflejo de costumbres, del mensaje que nos quería transmitir el autor… Me aficionaste también a leer teatro, imaginando los escenarios y a los propios personajes. ¡No sé qué me gusta más, si ver una buena obra de teatro o leerla!

Recuerdo deleitarme mirando las estanterías llenas de libros, no por la posesión del objeto material, aunque, dicho sea de paso, pocas decoraciones me parecen tan bellas, sino por el mundo de posibilidades que se abría delante de mí, por las mil historias por leer y por hacer mías, porque cuando uno lee, aprehende y hace suyo, de alguna forma, lo escrito por el autor. Reconozco también que me gusta tener los libros entre mis manos, y cuando son antiguos, me encanta el olor a viejo que desprenden sus páginas. Me resulta tan evocador… Me imaginaba siendo la protagonista de las historias que leía, también representando a sus personajes cual intérprete de reconocida fama, escribiendo historias maravillosas como el mejor de los escritores

Recuerdo cómo me explicabas la importancia de la Historia que, además, ésta no era una simple correlación de hechos históricos y fechas, sino que esos hechos sucedían dentro de una concreta situación política, social, filosófica y cultural, de cómo influían las distintas corrientes de pensamiento, etc.

Recuerdo también cómo me hablabas del pensamiento de los grandes filósofos, y cómo disfrutaba con tus explicaciones…

Recuerdo cómo me explicabas las principales teorías políticas y sus características y lo interesante que me resultaba…

Recuerdo cómo me hablabas de la finalidad del Derecho, que es la Justicia, de la diferencia entre la Justicia y la administración de ésta, del Derecho Natural, del Derecho Romano y la definición de Justicia de Ulpiano

Recuerdo cómo me decías que algún día teníamos que escribir un libro juntos, a modo de diálogos entre padre e hija. No llegaste a concretarme mucho la temática, pero parecías tener un esbozo en tu cabeza. Nunca lo hicimos… no hubo tiempo… Aunque me parecía una tarea complicadísima y pensaba que yo no sabría cómo hacerlo, me hubiese gustado intentarlo… intentarlo contigo…

Recuerdo cómo disfrutabas de una buena tertulia con los amigos, cómo valorabas la verdad, la lealtad y la amistad

Recuerdo cómo tenías la costumbre de hablar a niños muy pequeños con palabras sencillas pero con la misma seriedad con la que hablarías con un adulto, y lo bien que te respondían ellos. A veces trato de imaginar cómo serían tus conversaciones con tus nietos

Recuerdos y más recuerdos de vivencias, de experiencias, de enseñanzas, de sentimientos, de emociones, de anécdotas

Recuerdos de una vida compartida que quedarán indelebles en mi mente y en mi corazón