Cocinero antes que fraile

Seguramente, a estas alturas, os habréis percatado que cada vez son más frecuentes mis vivencias como hija, y es que poner en “negro sobre blanco” las cuestiones cotidianas relativas a la educación y crianza de mis hijos me ha hecho rememorar muchos momentos de mi propia infancia… Vivencias que, aunque no estén olvidadas, no se tienen especialmente presentes cuando eres adulto.

Al contemplar el día a día de los niños, vienen a la memoria nuestras propias experiencias. En muchas ocasiones porque te has enfrentado a las mismas o similares situaciones, y en otras porque, simplemente, al abrir la caja de los recuerdos, comienzas a evocar también otras vivencias de la niñez casi olvidadas. Al final te ves metido en un proceso de introspección que, bajo mi punto de vista, viene muy bien. Te permite parar un momento, ver cómo eras entonces y pensar en cómo eres ahora. No soy una persona que viva cara al pasado, soy una persona que, sin olvidar el pasado, vivo el presente y trato de poner los medios que estén a mi alcance para que el futuro sea lo mejor posible, pero, de vez en cuando, me gusta echar una miradita a todo aquello que ya hemos vivido.

He de reconocer que, pese al cansancio, que es mucho, estoy disfrutando de las vivencias, experiencias, avances, logros y en general, anécdotas, de mis dos hijos. Y además tengo el añadido de que están haciendo que me acuerde de vivencias de mi más tierna infancia, y eso también me está gustando. En algunos casos el recuerdo es claro, nítido y, en cambio, en otros, se trata de evocaciones que se encuentran prácticamente difuminadas en mi mente, por lo que al recordarlas y fijarlas por escrito logro que ya nunca las vaya a olvidar, algo que es muy de agradecer si ya no tienes a tus padres – que eran, en la mayoría de las ocasiones, los otros protagonistas de la historia – para que te las recuerden.

Estoy además consiguiendo un tercer efecto y es que, en la mayor parte de los casos, en esos recuerdos se hallan también mis padres, por lo que consigo afianzar aquellas vivencias compartidas con ellos que, por ser tan lejanas en el tiempo, corrían peligro de desaparecer. Cuando te faltan dos seres tan queridos no quieres olvidar ni una sola de las anécdotas que viviste con ellos, ni un solo de los detalles… Así que, permíteme, sufrido lector, que me tome estas licencias, trataré de moderarme para no abusar de tu paciencia.

Aún existe otro motivo más que justifica que haya proliferado en el blog el relato de mis experiencias infantiles y que, no por obvio, quiero dejar de mencionar… no es más que la evidencia de que he sido hija antes que madre o, como dice el refrán “he sido cocinero antes que fraile”.

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2 comentarios en “Cocinero antes que fraile

  1. Me ha gustado mucho esta entrada, porque estoy plenamente de acuerdo en que un blog te sirve para afianzar las vivencias compartidas. Las experiencias con tus hijos están haciendo que afloren tus experiencias pasadas y es muy positivo que las plasmes por escrito para que te ayuden en el presente y en el futuro con tus hijos. Enhorabuena, sigue con tu blog.

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    • Muchas gracias por tu comentario, Pilar. Tus palabras me animan a continuar. Cuando comencé el blog no imaginé cuántos recuerdos me iban a venir a la cabeza. He sido la primera sorprendida y cada nuevo recuerdo es un regalo para mí.

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