Sentimiento de protección

En una ocasión, era yo bastante pequeña, aunque no puedo precisar la edad, me encontraba con mis padres en casa de unos tíos y como mi prima era muy amiga de una vecinita y existía amistad entre ambas familias, fui con mi prima, que me llevaba 3 años, a casa de su vecina y amiga. La verdad que tengo el recuerdo medio en nebulosa, por lo que hay muchos puntos que no puedo precisar. En la casa estaba la abuela de esta niña y, para “pincharme” y ver qué le contestaba se  metió conmigo de broma  (no recuerdo qué me dijo) pero yo me lo tomé en serio y me sentí atacada. Mi contestación no se hizo esperar y le comuniqué, con mucha resolución, que llevase cuidado, porque llamaría a mis primos, que vendrían y me defenderían. A la abuela de la niña le hizo mucha gracia mi reacción y se la contó a mis tíos y a mis padres.

Muchos años después emitieron por la televisión un anuncio de unos conocidos zumos en el que un niño le decía a otro para defenderse “como se lo diga a mi primo te vas a enterar” y yo, acordándome de mi vivencia infantil, comentaba, entre risas, que los publicistas me habían “copiado”.

La lectura, medio en broma medio en serio, que hizo mi padre de la anécdota era que yo había recurrido a mis primos porque a él le había visto muy mayor. Me explicaba que yo no había dicho: “llamaré a mi padre y me defenderá”. Aún así, la anécdota le hacía mucha gracia y en ocasiones me la recordaba. Cuando yo nací mi padre tenía 44 años y mi madre un poco más de 42 años y medio. No sé si cuando la abuela de la vecinita de mi prima se metió en broma conmigo yo veía a mis padres mayores o no, lo que sé es que veía a mis primos altos y fuertes y con unas piernas larguísimas. Tengo un recuerdo casi fotográfico de ir corriendo hacia alguno de mis primos mayores, agarrarme a una de sus piernas y sentirme protegida.

Cuando eres pequeña, la cuestión de las edades resulta complicada y no calculas bien. Si eres muy pequeña ni siquiera sabes si “x” años son muchos o pocos o, más bien, si alguien es mayor que tú, los años que tenga te parecen muchos con independencia de cuántos años te lleve. No fui consciente de que mis padres eran mayores para tener una hija de mi edad (además, como ya os he comentado en otra ocasión, no soy hija pequeña, sino hija única) hasta que un compañero en el comedor del cole me preguntó que cuántos años tenían mis padres y, ante mi respuesta, me dijo que qué mayores eran. La verdad es que me sorprendió y entonces empecé a prestar atención a la conversación que este niño tenía con otros compañeros. Claro, frente a los cuarenta y tantos de mis padres los de los demás niños tenían veintitantos o, como mucho, se encontraban al comienzo de la treintena.

He de decir que a mí me daba igual la edad de mis padres y que siempre me sentí protegida por ellos. No creo que exista relación directa entre el nivel de protección y la edad del que protege. Tampoco puedo recordar qué me hizo citar a mis primos en vez de a mis padres, aunque quizá fuese la admiración que se tiene de pequeño por los que son mayores que tú sin llegar a ser adultos, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de ellos me sacan bastantes años.

Gracias a unos y a otros por haberme hecho sentir protegida. Espero que mis hijos se sientan, como mínimo, igual de protegidos que yo me sentí.

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2 comentarios en “Sentimiento de protección

  1. El otro día con ocasión de una conversación que tuve con unas amigas estuve reflexionando acerca del sentimiento de protección sobre los hijos. Hace 2 o 3 años cuando iba a recoger a mi hija a la escuela maternal me llevaba día si y día también un ” cabreo” considerable. Al recoger el abrigo podíamos ver como algún pequeño había dejado en “algunas” perchas invitaciones para un cumpleaños. Me consta que eso estaba terminantemente prohibido en otros centros y muchos padres nos quejábamos por ello. Pero lo sorprendente era la reacción de algunos que defendían la práctica argumentando que los niños se tienen que “acostumbrar a ser rechazados”, ” ..es aprendizaje” , “hay que aprender a lidiar con las cosas de la vida”… ¿venga ya? ¿estamos de broma? ¿acaso esos padres el día de su cumpleaños publican en el tablón de anuncios una lista de los agraciados y no tan afortunados de compartir un café con ellos? Lo siento mi hijo no me deja escribir más…

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    • La verdad es que cuando yo era pequeña cada uno invitaba a sus compañeros más allegados, no a toda la clase. De hecho solo recuerdo que un año un compañero invitó a toda la clase y fue causa de sorpresa. Pero claro, no estábamos en la escuela maternal, sino en EGB, y todos entendíamos que se invitaba únicamente a los amigos más íntimos y, aunque seguro que, lamentablemente, en alguna ocasión habría alguien que podría pensar que se le debería haber invitado, por sentirse más allegado del cumpleañero de lo que éste había considerado, normalmente nadie se sentía mal por no haber sido invitado, porque no se consideraba un agravio personal.

      También es verdad que, normalmente, se celebraban en casas particulares y solía ser inviable meter en casa a tantas personas.

      Hoy en día es distinto, se invita desde edades muy tempranas, en edades que antes solo se celebraba en familia, sin los amiguitos, y en edades en que los grupos de amigos no están formados, y que hacer cualquier tipo de “distingo” resulta aún más hiriente para el que no ha resultado “elegido”.

      A mí no es que me parezca mal no invitar a todos, cada uno es libre de invitar a quien considere más oportuno, pero lo que sí me parece mal, y estoy totalmente de acuerdo contigo, es en la publicidad, es decir, en la falta de discreción. Tú puedes invitar a “X” y a “Y”, pero “Z”, que no ha sido invitado, no tiene por qué enterarse de que se celebra un cumpleaños al que a él no se le ha invitado. No tiene por qué sentirse diferente, excluido o menos amigo que el resto de compañeros.

      El problema está, creo yo, en que en muchas ocasiones los padres pretendemos adelantar etapas más por la ilusión que nos hace a nosotros que por la que le pueda hacer al propio niño, y nos empeñamos en hacer celebraciones sociales a edades demasiado tempranas. Qué ocurre, que normalmente en el centro de educación infantil no tienes los contactos de los padres como para poder invitar a sus hijos discretamente. Esto es lo que creo que está propiciando la situación que comentas que, desde luego, no justifica la discriminación, pero sí la explica.

      Yo no creo que los niños deban de acostumbrarse a ser rechazados, más bien tienen que sentirse queridos en todo momento. Otra cosa es que como adultos les proporcionemos las herramientas para poder gestionar las frustraciones, porque es verdad que en esta vida no todo son éxitos, ni todo son reconocimientos y que se están dando muchos problemas en adolescentes, jóvenes y adultos que no han recibido un “no” en su vida, y cuando les llega no saben cómo afrontarlo. Pero de ahí a acostumbrarles a ser rechazados pues, la verdad, no creo que sea ni recomendable pedagógicamente ni tampoco emocionalmente. Hay que hacerles sentir queridos, estimados y seguros. Creo que es la mejor protección para que crezcan fuertes emocionalmente y, sobre todo, felices.

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