Lo difícil que es aprender a decir “no”

Mi madre siempre decía que cuando yo era pequeña nunca me perdía de vista. Y ahora que soy madre, trato de hacer lo mismo. Si en algún momento pierdo el contacto visual me entra un gran desasosiego. Me parece que es tan sencillo aprovecharse de la inocencia de un niño… y basta un segundo sin nuestra supervisión para que alguien que se encuentre acechando aproveche la ocasión. Soy consciente que entre la normal supervisión paterna para evitar cualquier mal a nuestros hijos y el pensar que siempre hay alguien acechando hay una línea que no debería traspasarse porque nos convertiríamos en padres “paranoicos”. No me encuentro entre estos últimos o, al menos, eso creo, pero sí que pienso que “no hay que tentar al diablo” y debemos tener, y nunca mejor dicho “la diligencia de un buen padre de familia“.

En ocasiones, me sorprende observar a padres paseando con sus hijos pequeños, yendo estos varios metros por detrás de sus progenitores. Es verdad que normalmente lo veo en zonas residenciales y no en una calle céntrica llena de gente en la que es más fácil que alguien se lleve a los niños y desaparezca entre la multitud. Pero, de todas formas, no puedo evitar el pensar “vaya tranquilidad”, así como que “no pasan más cosas porque Dios no quiere”. Es una actitud que me resulta peligrosa, no únicamente por si aparece un desaprensivo que intente llevarse a nuestros niños, sino también por si el niño se dirige a la calzada y nos damos cuenta demasiado tarde, con el peligro que ello entrañaría.

Recientemente, en el cole de mi hija, pasaron una circular en la que pedían que los babis llevasen el nombre del niño por fuera y no por dentro. Siempre soy muy cumplidora con las normas del colegio pero, en esta ocasión, he desobedecido por una cuestión de seguridad. A un niño pequeño, que un adulto desconocido le llame por su nombre – información que obtiene sin dificultad porque viene escrito en el babi – le puede dar una apariencia de seguridad, de fiabilidad, de alguien que supuestamente le conoce. Es verdad que si vas pendiente de tu hijo no ha lugar a que le llamen, porque el malhechor buscará algún niño que ande despistado de su padre o cuidador, pero ¿para qué dar información valiosa e innecesaria a los terceros desconocidos? ¿qué necesidad hay? Y al fin y al cabo, tampoco creo perjudicar al colegio porque allí conocen perfectamente el nombre de mi hija y siempre se ha justificado el marcado de la ropa de cara a posibles extravíos de la misma. No cabe duda que poniendo el nombre por dentro dicho objetivo queda totalmente garantizado.

Todos queremos que nuestros hijos sean obedientes porque, aunque queramos educar a los niños para que sean libres y responsables de sus actos, se está forjando su forma de ser y necesitan unas normas, las nuestras, que han de cumplirse. Yo soy la primera que le repito a mi hija que ha de ser obediente. Y así lo pienso y no me arrepiento, pero me he dado cuenta que, al menos yo, muchas veces, sin darme cuenta, se lo digo en abstracto, y pudiera parecerle que lo tiene que ser con todo el mundo. Lo más seguro es que para un adulto sea obvio que no con todo el mundo hay que ser obediente, pero quizá para un niño no lo sea tanto. Hace poco encontré un video en YouTube de lo más ilustrativo sobre esta cuestión que os dejo aquí para que podáis verlo. A raíz de ello tuve una charla con mi hija – digo con mi hija porque mi hijo es solo un bebé – y le hice una serie de preguntas similares a las que hace la mamá del video. Al principio falló, pero enseguida entendió la lección. De vez en cuando se lo recuerdo y observo, aliviada, que no ha olvidado lo que aprendió, aunque uno nunca sabe cómo reaccionaría si la situación fuese real, ya que la vergüenza u otros factores le pueden hacer comportarse de manera distinta a la aprendida. Dios quiera que nunca se vea en la situación de tener que ponerlo en práctica… haré todo lo que esté en mi mano para que así sea. Aquí os dejo el video, espero que lo disfrutéis.

A modo de introducción

 

A la hora de plantearme comenzar este edublog me asaltaban numerosas dudas sobre la utilidad que pudiera llegar a tener, me preguntaba hasta qué punto era posible poder aportar algo nuevo. De hecho, basta buscar en google para que encontremos en pocos segundos un largo listado de blogs, a cada cual más interesante, sobre todo tipo de cuestiones referidas a la educación y crianza de los niños. Por ello, me siento en la obligación de comenzar esta nueva andadura explicando y justificando lo que pretendo obtener con él. No soy profesora ni tampoco soy alumna, soy una madre. Una madre preocupada por la educación de sus hijos y consciente, desde el mismo momento que me convertí en madre, de la responsabilidad que adquirí con mis propios hijos, así como también con la sociedad.

¿A quien va dirigido este edublog? Principalmente a los padres que se sientan realmente comprometidos con la educación de sus hijos, que sean conscientes de la responsabilidad que han adquirido con la paternidad, que no consideren que la educación empieza y termina en el colegio y que no se escuden en la falta de tiempo para abandonar la importante tarea de educar a sus hijos. Pero también va dirigido al resto de miembros de la comunidad educativa, porque considero que la educación ha de tomar a la persona como un todo y profesorado y padres deberían ir de la mano en una estrecha colaboración bidireccional. Me encantaría que este edublog pueda llegar a ser atractivo a profesores y educadores, que pueda servirles para ser conocedores, aún más, si cabe, de las problemáticas que se pueden suscitar fuera de las aulas y que los padres, así mismo, podamos beneficiarnos de sus aportaciones y comentarios, ya que su profesionalidad y experiencia a nivel pedagógico puede ser de un gran valor  para todos nosotros. No quiero olvidar, por supuesto, a los alumnos, nuestros hijos, que son los protagonistas de la educación. Podría ser muy interesante y enriquecedor para todos que los educandos pudiesen plasmar también en el edublog sus inquietudes, impresiones y reflexiones, siempre que su edad y madurez se lo permitan. Para ellos también puede ser de gran utilidad, tanto como un canal más de comunicación, como por el hecho de poder dar su propio punto de vista. Puede ser, además, un gran incentivo para el análisis personal y el fomento de la expresión escrita.

Seguramente, en abstracto, a nadie se le ocurrirá cuestionar la importancia que tiene la educación de los hijos. No conozco a nadie que la niegue. Sin embargo, no cabe duda que cada persona establece unas jerarquías de intereses y no todos situamos la educación en el mismo puesto en nuestra lista de prioridades. Es más, incluso para los que tienen la educación entre los primeros puestos, es difícil, en ocasiones, llegar a estar de acuerdo en la forma de educar, y es que cada cual tiene su propia visión de la educación y también su propio método.

Con este edublog pretendo que entre todos creemos un espacio en el que se de cabida a todas las opciones, que cada cual se sienta libre de explicar sus experiencias y sus métodos. Creo que esa diversidad puede llegar a ser muy enriquecedora. No obstante, en lo que se refiere, no ya a los hechos y datos objetivos y contrastables, sino a impresiones, vivencias y experiencias, pretendo expresarme también libremente, porque considero que si no, lo que realmente pueda aportar como madre, que es, en resumen, mi propia experiencia, se perdería. Hablaré, pues, desde mi propia experiencia y percepción de la realidad, algo que siempre es inevitable.

También me gustaría, en la medida de lo posible, abrirlo a toda la comunidad y que pudiésemos contar, además del profesorado, con otros profesionales, como puedan ser psicólogos, logopedas, pediatras, etc. que pueden aportar tantas cuestiones de interés para la educación de los menores.

¿Qué es lo que busco en la educación de mis hijos? Educarles para que sean buenas personas, libres, responsables, coherentes con sus principios y, sobre todo, felices. Es una difícil tarea que no debe impedir en ningún caso el disfrutar todos juntos, en familia, de la mutua compañía. Considero que esta tarea debe integrarse de forma natural en las actividades llevadas a cabo dentro del seno de la familia. En la medida que logremos, aunque sea de forma parcial, estos objetivos, estaremos colaborando  a la vez a la conformación de una sociedad mejor, integrada por verdaderos ciudadanos, en el sentido de “hombres buenos”, porque si la persona tiene un “buen hacer” en lo individual, también lo tendrá en lo colectivo.

No sé si, finalmente, lograré aportar algo nuevo pero, al menos, voy a intentarlo…